Muchas veces, cuando conocemos
a alguien, cuando estamos en una reunión familiar o simplemente mientras
disfrutamos de una cena con amigos, se desliza en la conversación la pregunta del
millón: “¿Vivís de la traducción?”. Aunque hay otra que es una de mis
favoritas: “¿Sos traductora de cuántos idiomas?”, pero esta última la dejo para
otra publicación, ya que merece una mención aparte.
Como mencioné antes, la
profesión es muchas veces menospreciada y por eso no se le suele dar importancia.
Aquí entra en juego el tema de las tarifas. Cada traductor decidirá y ajustará
sus tarifas según sus clientes y necesidades. Y cada cliente optará por un
traductor u otro según sus tarifas y necesidades.
Vivir de la traducción es
posible. No es fácil, pero tampoco inalcanzable. Requiere esfuerzo y dedicación.
Después de todo, no hay nada más lindo que vivir de aquello que a uno le gusta
y dedicarse de lleno a sus proyectos.
"El
único lugar en el que éxito viene antes que trabajo es en el diccionario"
Vidal Sassoon